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¿Qué son los gastos fantasma?

Ahorrar es misión casi imposible así como están los precios. Pero hay que intentarlo, y para conseguirlo, qué mejor que hacer un análisis de nuestros gastos y evitar aquellos que sean innecesarios. Y entre ellos, a menudo, se encuentran los llamados gastos fantasma, que como su nombre indica no se ven pero lastran nuestra economía. Veamos en qué consisten y por qué se les llama así.

Gastos fantasma: qué son

Se denominan gastos fantasma a aquellos que asumimos casi sin darnos cuenta, y en los que reparamos ya tarde cuando se nos cobran y afectan a nuestro saldo mensual.

Ejemplos de gastos fantasma

¿Y cuáles son esos gastos, que en principio parecen prescindibles pero de los cuales nos suele costar desprendernos? Pues por ejemplo las suscripciones a plataformas de streaming (incontables, hoy en día) o a publicaciones, ya sean online o de papel. También los seguros innecesarios, que a veces un exceso de celo nos ha llevado a contratar, más allá de los obligatorios o aquellos que realmente nos garantizan nuestra tranquilidad en algún aspecto determinado o esencial; esas matrículas de acceso o mensualidades que se corresponden a impulsos puntuales o a loables propósitos, pero que al final no podemos permitirnos, tales como la del gimnasio, la piscina municipal o el carnet de socio de un club o una asociación deportiva o de ocio, que a la hora de hacer cuentas se nos va de presupuesto.

Atención también a algunos gastos, que nada tienen que ver con suscripciones o pagos mensuales, pero que también engrosan el gasto fantasma. Esos cafés prescindibles que hacemos por inercia, por ejemplo. Y si queremos seguir haciéndolo, al menos pagar el importe justo. Solemos redondear y dejar la propina, cuando 20 o 30 céntimos por un producto de 1,70€ es demasiado. Y esto puede aplicarse a muchos gastos pequeños que hacemos a diario sin valorar la suma global que pueden llegar a suponer.

Y otra advertencia a los consumidores más relajados. Cuidado con los periodos de prueba gratuitos. De cualquier producto. Ya sea una subscripción o un servicio bancario. Pasado el periodo de prueba, se nos olvida por completo cancelar el cobro y, por pereza o despiste, se va dejando pasar con el tiempo. Además, como suelen ser gastos adheridos a nuestra tarjeta de crédito o cuenta bancaria, y se descuentan automáticamente, no los revisamos con frecuencia, o cuando ya es demasiado tarde. A veces, ni nos enteramos.

Cancelar todos estos gastos fantasma puede ser la diferencia entre llegar a final de mes o no hacerlo; de volver a ahorrar una cantidad para imprevistos o apostar a la fortuna y esperar que no los haya.

Cómo evitar los gastos fantasma

Lo primero que hay que hacer para evitar los gastos fantasma, lógicamente, es identificarlos y tomar conciencia de los mismos. Y una vez lo hayamos hecho, el siguiente paso es deshacerse de aquellos que realmente consideremos prescindibles.

Para llevar a cabo esta operación de saneamiento financiero, es necesario hacer un balance sincero de nuestra economía, sin engañarnos a nosotros mismos ni mantener expectativas que ya hemos comprobado que no es probable que cumplamos. Se trata de optimizar nuestro presupuesto, y para ello hay que ser riguroso y honesto con los gastos, prescindiendo de los innecesarios.

Gastos hormiga y gastos vampiro

Este tipo de gastos se diferencian de otros que ya hemos comentado, y que igualmente diezman nuestra economía doméstica cuando no los controlamos. Éstos son los gastos hormiga y los vampiro. Los primeros son esos tan frecuentes como imprevistos o innecesarios que, por mínimos, no tenemos en consideración a la hora de gestionar nuestra economía diaria. Son casi imperceptibles, pero sumados pueden desestabilizar nuestras finanzas personales.

Y los gastos vampiro son esos que resultan inesperados porque no están presupuestados, a pesar de producirse en partidas fijas como la luz o la calefacción.

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